Theater per capita
Romina Paula
Argentina cuenta con una rica cultura teatral, sobre todo en Buenos Aires, la ciudad con más teatros del mundo en proporción al número de habitantes. En su primera columna, Romina Paula ofrece una visión general, desde el teatro político durante la última dictadura militar en los años setenta y ochenta hasta el enorme éxito de las obras de Broadway en la actualidad. ¿Sigue siendo el teatro, por el que los argentinos sienten tanta pasión, una herramienta para la transformación política?
En esta primera columna quería, de algún modo, poner en contexto el panorama actual del teatro en Buenos Aires que, hay que decirlo, resulta un poco confuso incluso para nosotros.
Se dice que Buenos Aires es la ciudad con más teatros del mundo según cantidad de habitantes, con más de 300 salas.
A grandes rasgos también, podríamos dividir esas salas en:
El teatro en la Argentina tiene una tradición muy fuerte. Se hace teatro en todas las grandes ciudades del país e incluso con mucha potencia en otras no tan grandes también.
Sin embargo, me limitaré a hablar del teatro en Buenos Aires, que es el que conozco y en el que trabajo desde hace más de 20 años. Y, en particular, del teatro independiente, que es en el que trabajo desde siempre y con convicción.
“En 1930 Leónidas Barletta funda el Teatro del Pueblo en pleno centro de la ciudad, el primer teatro independiente de Latinoamerica. De ideología anarquista, se proponía ser un teatro ‘para todos’, con entradas baratas y sostenido por aportes de socios y de los propios artistas.”
El teatro independiente, a su vez, tiene una larga tradición en Buenos Aires. En 1930 Leónidas Barletta funda el Teatro del Pueblo en pleno centro de la ciudad, que se convierte en el primer teatro independiente de Latinoamerica. De ideología anarquista, se proponía ser un teatro “para todos”, con entradas baratas y sostenido por aportes de socios y de los propios artistas. Barletta se oponía la idea del teatro como entretenimiento. Hablaba de arte y de conducta. Luego, durante la última dictadura militar, un colectivo de artistas del teatro fundan Teatro abierto, para combatir la censura y la violencia y se convierte en otro gesto político enorme. Eso y el under, en sitios como Babilonia o el Centro cultiral Rojas, con una estética más queer y contrahegemónica.
En estos ejemplos el gesto político es tan grandilocuente que nadie duda de que lo que se representaba en esos contextos tenía una fuerte conciencia de función social.
Después, una vez recuperada al democracia, el teatro independiente comienza o vuelve a tener un vínculo más fuerte con el teatro en Europa, más que nada con el teatro en Francia y Alemania pero sobre todo en Alemania. El Periférico de Objetos hace Máquina Hamlet, de Heiner Müller, manipulan marionetas, es realmente una revolución en el panorama local.
También y en todo momento es el texto lo que opera muy fuerte en el teatro independiente: desde siempre hay una tradición de escribir teatro en el teatro independiente, en lugar de interpretar repertorio. La figura del autor (acá en Argentina lo llamamos dramaturgo) es muy fuerte y también es algo bastante común que el autor dirija sus propios textos. Esto es un fenómeno bastante particular pero muy frecuente en esta ciudad.
“También y en todo momento es el texto lo que opera muy fuerte en el teatro independiente: desde siempre hay una tradición de escribir teatro en el teatro independiente, en lugar de interpretar repertorio.”
En los años 90’s y principios de los 2000 hubo autores como Vivi Tellas, Alejandro Tantanian, Javier Daulte, Rafael Spregelburd, Federico León, Mauricio Kartún, Lola Arias, Mariana Chaud, Claudio Tolcachir, Mariano Pensotti, que escribían sus propias obras y las ponían en escena. Mayormente en el teatro independiente y en ocasiones en el teatro público. Todos ellos aún trabajan, algunos de ellos se dedicaron más a dirigir que a escribir las obras que dirigen. A su vez, el teatro independiente siempre ha tenido, de algún modo, su estética propia: no solo en la puesta en escena sino también en sus temas pero sobre todo en sus estructuras dramáticas. Por supuesto que los trabajos de estos autores y directores se diferencian entre sí pero si tuviera que decirlo en pocas palabras diría que tienen estructuras dramáticas más demandantes, no tan evidentes y trabajan sobre el campo de lo ausente: la obra construye ese universo de referencia sin representarlo.
Otros dos directores muy famosos de los 90’s y 2000 son Ricardo Bartís y Daniel Veronese. Ambos son más conocidos como directores que como autores porque se dedicaron a reinterpretar o hacer versiones de clásicos, pero ambos también reescribieron esos clásicos así que podría considerárselos autores también.
A su vez, todas estas obras de teatro necesitaron de un caudal de actores y actrices que en muchos casos se formaron con algunos de estos directores y autores que también daban clases de actuación. Todo este clima de época generó un teatro muy bueno, con mucha inteligencia, humor, sensibilidad y también una identidad propia.
En todos estos años el teatro independiente se mantuvo completamente al margen del teatro comercial, coexistían sin tocarse. En el teatro comercial el espectador iba a entretenerse y a ver figuras de la televisión. Estos dos mundos no se tocaban en absoluto, casi que no pertenecían al mismo mundo. Eso que sucedía sobre la calle Corrientes (avenida que reúne la mayor cantidad de teatros comerciales) no era visto como teatro para la gente del off.
Ahora bien, retomando el tema de la confusión al que me refería, hace aproximadamente 10 años este panorama teatral de la ciudad empezó a cambiar notablemente. Acaso haya tenido que ver con el desembarco del Pro (partido de centroderecha liderado por Mauricio Macri) en el país, en la ciudad ya gobernaba hace rato. Por un lado, se “broadwayisó”: empresarios teatrales argentinos comenzaron a comprar derechos de obras en Broadway y off Broadway, algunas de calidad, y producían montajes locales con famosos pero también actores muy buenos que venían justamente de buenas producciones del independiente y directores como Veronese o Daulte fueron invitados a dirigir producciones de ese tipo en el teatro comercial. Es decir, productos de buena calidad con buenos actores pero con el fin de ganar dinero. Acaso no como única condición pero si como una imprescindible. Este fenómeno fue lento pero implacable. Un ejemplo podría ser la obra Toc toc, de Laurent Baffi, dirigida por Lía Jelin. Se estrenó en Buenos Aires en el 2011 y se convirtió en la eomedia más vista del teatro argentino.
“Hace diez años, el panorama teatral de Buenos Aires comenzó a cambiar considerablemente. Por un lado, se volvió más «al estilo de Broadway» y comercial; por otro, el Metropolitan, un gran teatro comercial, aprovechaba esos ingresos para programar una vez a la semana fenómenos de público procedente del circuito alternativo.”
A esto le siguió que en particular un teatro comercial muy grande, el Metropolitan, comenzara a programar fenómenos de público en el off en una de sus salas una vez por semana. Es decir, seguía manteniendo alguna producción más grande del formatos “famosos” y el resto de los días de semana, lunes, martes y miércoles, programa obras que ya funcionaron en el off, sin costo de producción, a ellos no les representa ningún gasto, a las compañías independientes les significa un cambio importante de ingreso por el valor de las entradas y por acceder a un público distinto, uno que acaso no vaya a la sala off. Todo este fenómenos armó un caos de circuitos donde ya no se puede afirmar del todo qué o quién es independiente y quién no lo es. Algo de lo que decía de la estética del independiente también se vio afectada por esta circulación de gente, contenidos, salas y públicos y mucho de lo que se genera en el independiente ya no tiene una estética o una ética tan definida como la que tuvo durante tantos años. Si tuviera que decir a grandes rasgos y generalizando, a qué me refiero, volvería a Barletta quizás con esta distinción que hacía con el teatro como herramienta de pensamiento, o de transformación en lugar de como entretenimiento.
Y a riesgo de convertirme en una vieja rancia no quiero ya apresurarme a afirmar que es un fénomeno no saludable, por ahora sólo lo observo, pero un poco me angustia porque soy una vieja rancia y no da todo lo mismo y una obra, una puesta teatral, no es la misma, se haga donde se haga, la sala no da igual, la calle no da igual, la historia de los espacios y su aura no podrian nunca dar igual a la hora del hecho teatral.
“El teatro en Buenos Aires goza de excelente salud; casi todas las salas están llenas todo el tiempo.”
Pero, la parte buena, es que el teatro en Buenos Aires goza de excelente salud, siempre más cuanto mas crisis hay, es algo que no se detiene. La gente hace teatro, la gente va al teatro. Casi todas las salas están llenas todo el tiempo, en general hay que reservar la entrada con anticipación, es raro ir espontáneamente a ver una obra una noche porque no suele haber lugar. Asumo que algunos irán al testro por puro entretenimiento, o por ver en vivo a algún actor de la televisión. Pero también creo cada vez más que a los argentinos nos gustan la épica y los mitos y que el teatro es un lugar en el que eso se despliega, el mito.
Juro no ser tan didáctica en todas mis columnas, solo quería hacer un pequeño contexto de la situación actual del teatro en Buenos Aires, muy resumido, pero como para que puedan hacerse una idea de cuáles son los circuitos teatrales de la ciudad. En otro momento hablaré de las condiciones de producción de algunas de estas obras, de cómo producimos en el independiente, que es algo que me parece interesante porque también tiene sus particularidades, inherentes a esta ciudad.
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